Cuento corto
(Esto lo robé del blog de Fuguet...).
Hace aproximadamente un año, me pidieron de Mexico que escribiera un cuento en muy pocas palabras a partir de esta foto de Nan Goldin. La foto no la elegi pero me dio gusto q fuera una foto de la Goldin xq me gustan sus fotos. Este es el cuento corto.
BILOXI BLUES
Alberto Fuguet
Charlene O´Connor tomaba Four Roses, como la Joplin, straight up, nada de on the rocks.
-¿Quieres?
-Prefiero la cerveza.
-La cerveza engorda y no te aplaca el taladro, pero qué vas a saber tú de esas cosas.
Algo sabía, pero poco. Yo era joven y ella ya no. Estuve cuatro días con Charlene O´Connor. Fue el verano del año que cayó el Muro. Le dije muy poco en ese viaje. Ella tampoco dijo mucho.
-Me gusta lo mal que hablas inglés- me dijo-. Trata de no perder el acento. Eso le va a gustar a las chicas.
Charlene vivía en Biloxi, en un hotel que alguna vez tuvo cuatro estrellas. En el hotel ahora vivía gente que no tenía casa pero necesitaba techo. En el lobby, los ancianos negros con pelo blanco miraban un televisor que tenía malo el sonido. Biloxi estaba cerca del Golfo, pero el aire no tenía olor a sal sino a petróleo y a tintorería.
El cuarto de Charlene era pequeño y caluroso. Yo me instalé en el suelo, arriba de un colchón inflado con cabillitos de mar y pulpos sonrientes. Charlene dormía con un baby-doll verde-agua; trataba de no mirarla porque el baby-doll era transparente.
-Te pareces a tu padre. Tu padre era guapo, pero no muy inteligente. Me hubiera gustado conocerlo más.
Mi padre estudió en Huntsville, Alabama, donde estaba becado como futbolista. Esto fue durante la administración Ford. Mi padre era de una familia religiosa y estudiaba comercio. Charlene O´Connor ya estaba de vuelta en su pueblo. Ya no hacía performances ni era una groupie del East Village de Nueva York. Ahora trabajaba en un SevenEleven. Charlene le daba sexo y cariño gratis al futbolista chileno. Charlene estaba en detox. Curándose. Sanándose. La heroína no se abandona así como así.
El estado de Alabama le quitó la custodia cuando nací. De hecho, nací en prisión. Me iban a entregar a una familia filipina inmigrante. Mi padre habló con el alcaide. El insistió en que él era el padre. Era cierto. Nos parecemos. Lo es. El test de ADN confirmó lo que él ya sabía.
Mi padre llamó a su madre por teléfono, cobro revertido, y le dijo que una reclusa había parido a un hijo suyo. Nueve días después, yo estaba en Concepción.
El día que cumplí 18 años viajé a conocerla. Yo quise estar más días con Charlene pero ella me dijo que me regresara.
-No soy tu madre. Sólo te tuve.
Luego me ofreció un blow-job. Lo pensé. Ella estaba con su babydoll y yo en calzoncillos.
-¿Te lo han chupado antes?
-Sí- le dije.
-¿Te dan ganas?
-Sí.
-Entonces es mejor que te vayas o que te bajes esos Fruit of the Looms de una vez.
Tomé un Greyhound de vuelta a Miami. Allí cambié el pasaje. Me cobraron una multa.
Charlene O´Connor murió unos años después. La encontraron en otro cuarto de hotel, pero en Memphis. Uno puede encontrar mucha información en la red.